Sobre Different Trains

 

Steve Reich y sus Different trains

José Luis García del Busto

A partir de 1965, las propuestas musicales de Steve Reich han venido a disolver los hábitos y convenciones que establecían barreras entre las músicas llamadas popular y culta, así como han colaborado en difuminar los contornos que delimitaban las músicas de las viejas tradiciones africanas y orientales y la música de creación occidental. Otros elementos no menos importantes cristalizan en la aportación de Reich y colaboran con fuerza en personalizarla: por ejemplo, la utilización de objetos sonoros cotidianos y naturales; las referencias a las ciencias, a las religiones, a las artes plásticas y escénicas (teatro, danza), a las nuevas tecnologías y, en definitiva, al plural pensamiento humano; las referencias a hechos y noticias de su (nuestro) tiempo, con las que suele mostrarse como artista comprometido; el diálogo de su música con los más diversos folclores, con el jazz, con el rock, con el pop…, todo lo cual converge en que la figura de Steve Reich haya adquirido carta de naturaleza por doquier, tanto en las salas de concierto como en grandes espacios abiertos de afluencia masiva, en los medios de comunicación de cualquier orientación, en internet… y haya sido protagonista tanto de conciertos de la Filarmónica de Nueva York con Zubin Mehta en el Carnegie Hall, como de videocreaciones de seguimiento millonario en YouTube: es el caso de la titulada Hello Steve Reich mix, de James Murphy, que arranca con su fascinante Clapping music para seguir con música de David Bowie.

Nacido en Nueva York en 1936, Steve Reich estudió filosofía y se doctoró con un trabajo sobre Wittgenstein. En materia musical, se formó como pianista y, si se mostró interesado en el gran repertorio de la música europea compuesta a partir del siglo XVIII y hasta 1900 –el que acaparaba los programas de conciertos sinfónicos, la ópera y la discografía–, más creció su interés por este arte al conocer las músicas antigua y contemporánea. Estudió jazz con Overton, composición con Bergsma y Persichetti, asistió a cursos impartidos por Milhaud y Berio en los que, según confesión propia, aprendió, sobre todo, lo que no quería hacer. Estudió la música tradicional indonesia (el gamelán) en Seattle y en Berkeley, así como las percusiones africanas en la Universidad de Ghana: los patrones repetitivos que son elemento sustancial de ambas manifestaciones músico-populares, así como la riqueza y sutileza de sus ritmos, fueron descubrimientos fascinantes y fuente de enseñanza para Steve Reich, que vendrían a constituir la esencia de muchas obras suyas que han quedado como prototipos de música repetitiva o de versión sonora y musical del minimal art. Reich también estudió, en Estados Unidos y en Jerusalén, las formas tradicionales de declamación de los textos sagrados hebraicos, lo que fue básico para el desarrollo de las relaciones entre texto y música que pondría en juego en composiciones propias. En Estados Unidos participó activamente en las experiencias pioneras de la música electroacústica y en los conciertos que significaron primeros pasos en el camino del minimalismo propuesto por La Monte Young y Terry Riley. Igualmente tuvo relación con el complejo e influyente mundo sonoro y estético de John Cage, así como con Philip Glass, con quien compartió inquietudes musicales y alguna actividad en los inicios de sus respectivas carreras. Ha sido permanente y muy rica la relación de Steve Reich con el ámbito de la danza, traducida en trabajos conjuntos con coreógrafos como Laura Dean, Anne T. De Keersmaeker, Jirí Kylián, Jerome Robbins, Alvin Ailey, Maurice Béjart… y ha colaborado también con creadores de las artes de la imagen. Sin desligar teoría y práctica, composición e interpretación, Steve Reich, a solo o en conjuntos por él constituidos (Steve Reich and Musicians), ha intervenido profusamente en la difusión de su propia música por todo el mundo y ha colaborado en renovar en profundidad las formas del concierto, de la representación músico-teatral, de la performance… al proponer nuevas experiencias musicales y creativas en general que implican modos distintos de comunicación, aconsejan otros espacios y, en definitiva, se abren a otros públicos.

Entre las experiencias compositivas pioneras de Steve Reich consta su trabajo sobre el phasing: procesos repetitivos, en fase o desfasados, que pueden presentarse en grabaciones cerradas (It’s gonna rain, para cinta), en realizaciones con intérpretes en vivo o bien en combinaciones de ambos tipos de fuente sonora (Piano phase, Violin phase, Phase patterns, Dance patterns). La retroalimentación de sonidos emitidos en vivo y grabados por micros, así como la aumentación temporal de períodos musicales, han sido procedimientos manejados por Reich desde el principio y, por supuesto, las posibilidades que los avances tecnológicos recientes han dado para alargar temporalmente sonidos pregrabados sin que se deforme el timbre ni cambie su entonación han sido convenientemente explotados por nuestro músico.

Reich investigó en el ámbito de los ritmos y de las percusiones en obras que significaron hitos en su carrera y que han dejado huellas a seguir, como Drumming (para percusiones) o Clapping music (para músicos que dan palmas), piezas que participan también del concepto de fase. Una obra resumen de este rico periodo es Music for 18 musicians, en la que las elaboraciones fásica y rítmica se enriquecen con conceptos contrapuntísticos y hallazgos armónicos y tímbricos.

La fascinación sentida por el compositor neoyokino hacia Pérotin, el maestro de la Escuela de Notre-Dame de París (siglos XII-XIII), se tradujo en composiciones como New York counterpoint (para clarinete o saxofones, en versiones varias) o Electric counterpoint (para guitarra eléctrica y cinta o conjuntos de guitarras), además de hacerse notar en tantas otras partituras de Reich, como la recién citada Música para 18 músicos.

La relación que la música de Reich establece con la palabra se sustancia en piezas como Tehillim (para voces y conjuntos, sobre salmos hebreos) o Proverb (para voces y ensemble), así como en The cave y Three tales, obras que, además, ofrecen dimensión operística (teatral) y se apoyan en creaciones videográficas de Beryl Korot.

Las partituras instrumentales de Steve Reich, escritas para variados –y con frecuencia atípicos– conjuntos, incluyen la orquesta de cuerda y la orquesta sinfónica y comprenden títulos como Variations for winds, strings and keyboards, Three movements, The four sections, For strings, más otras que requieren voces junto a los instrumentos, como The desert music, Daniel variations o la que aquí nos ocupa.

Different trains

Es una obra para cuarteto de cuerda y cinta pregrabada, la cual contiene intervenciones de otros tres cuartetos de cuerda, así como voces que hablan y sonidos reales de trenes americanos y europeos de los años treinta y cuarenta. Fue estrenada en el Queen Elizabeth Hall de Londres, el 2 de noviembre de 1988, por Kronos Quartet. En 1989, Different trains ganó el Premio Grammy a la mejor composición de música clásica.

Different trains es una especie de crónica sonoro-musical en tres partes o movimientos que se encadenan sin solución de continuidad. Sobre el sonido que los instrumentos musicales –dos violines, una viola y un violonchelo– ofrecen en vivo, la cinta aporta voces que proceden de entrevistas grabadas a ciudadanos estadounidenses y europeos acerca de experiencias vividas inmediatamente antes, durante o inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial.

En el primer movimiento, titulado ’América – Antes de la guerra’, junto a la música propiamente dicha oiremos palabras de la institutriz que tuvo en su niñez el propio Steve Reich –llamada Virginia– y a un empleado del ferrocarril americano –llamado Lawrence Davis– rememorando los larguísimos viajes en tren a través de los Estados Unidos, de costa a costa, así como los sonidos de aquellos trenes con sus poderosos pitidos. Se trata de una evocación de las interminables jornadas viajeras en tren que Steve Reich tuvo que hacer, de niño, para visitar periódicamente a su madre, pues tras el divorcio de sus padres, él se había quedado en Nueva York y la madre se había establecido en Los Ángeles.

En el segundo movimiento, ‘Europa – Durante la guerra’ tres supervivientes del Holocausto nazi (llamados Paul, Rachel y Rachella) pronuncian frases acerca de sus experiencias, que incluyen fatídicos viajes en los trenes que les habían llevado hacia campos de concentración, unos trenes evidentemente diferentes de los que Reich había conocido. La grabación utilizada por el compositor en este movimiento procede del archivo sonoro de la Universidad de Yale, y en ella se escuchan sonidos de trenes europeos y siniestras sirenas, en un curso realmente sobrecogedor.

En el tercer tiempo, ‘Después de la guerra’ oiremos las voces de los mismos supervivientes del Holocausto (‘La guerra ha terminado’… ‘¿Estás seguro?’…) en momentos siguientes al fin de la guerra, voces ahora sumadas a las de Virginia y Davis, mientras que los sonidos de tren que oímos de fondo vuelven a ser los de trenes americanos.

Para enriquecer el contenido de la cinta magnetofónica que se suma a la ejecución en vivo del cuarteto de cuerda en estos Different trains, Reich, como ha hecho en otras composiciones, ensaya la manera de obtener melodías (temas) a partir de las voces grabadas, para lo cual se valió del teclado digital sampling. El sampling es una tecnología sonora que se desarrolló en los años setenta del pasado siglo, cuando se hizo posible grabar el sonido digitalmente, esto es, en formato entendible por el ordenador, lo que permitía ‘jugar’ con él (manipularlo) y, finalmente, reproducir los resultados. En la primera parte de esta obra, Steve Reich recurrió al empleo de la viola y del violonchelo para ‘personificar’ las voces femenina y masculina, respectivamente. A lo largo de toda la pieza, los instrumentos del cuarteto con frecuencia tocan no melodías, sino células rítmicas repetitivas, lo que se erige en cualidad característica de la composición.

La originalidad del planteamiento compositivo es manifiesta y su eficacia expresiva, innegable. Reich se ha referido a esta obra describiéndola como ‘un documental musical’; ciertamente, no cabe más escueta ni mejor definición.

 

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La reescritura cinematográfica de Different trains

Miquel Martí Freixas

Revisitar, repensar, volver a mirar lo acontecido son actitudes artísticas de nuestro presente. Una posición cultural muy activa en las últimas décadas que especialmente indaga en los legados del siglo XX. Estas vueltas al pasado ofrecen una reflexión en detalle de lo vivido, unas inscripciones de la memoria aún más profundas de las ya existentes. Podríamos entender este viaje de retorno como un capítulo póstumo del siglo anterior.

El siglo XX es también el primero en el cual la humanidad tiene variedad de herramientas para dejar amplia constancia e interpretación de lo sucedido en el tiempo vivido. Es un siglo impreso, fotografiado, sonorizado, filmado día a día. En el siglo XXI estas múltiples herramientas que constatan lo acontecido se han globalizado y sobresaturan su propia función. Es una época escrita, fotografiada, sonorizada, filmada, compartida y experimentada virtualmente en diversidad de formatos y plataformas en cada minuto. La ingente y veloz cantidad de material que inscribe el testimonio de nuestro tiempo dificulta miradas calmas y distantes. Quizás esos obstáculos para la comprensión del presente siglo XXI también favorecen la búsqueda de las razones en las sendas del pasado siglo XX. Una de las características de estos tiempos de múltiples registros es la intersección entre ellos. Son expresiones mezcladas, interactivas, participativas. Un rasgo distintivo que desde las artes contemporáneas también se adopta. Las reinterpretaciones en muchos ámbitos artísticos, modalidades de palimpsestos y de creaciones híbridas entre varias prácticas cuyas fronteras se diluyen, o las miradas poliédricas que permiten una profundización definitiva en ese objeto de estudio, son un ejemplo de ello. La creación de Beatriz Caravaggio se encuentra en estas premisas posculturales.

Desde el inicio del siglo XXI mira hacia años clave del siglo XX: los referidos al Holocausto. La obra, una película, es la reconstrucción de unas memorias compuestas en forma musical en los años ochenta. Partituras biográficas de Steve Reich que reflexionan acerca de unas experiencias colectivas, las de aquellos que sufrieron la barbarie del nazismo, transcurridas durante los años treinta y cuarenta. Así obtenemos en nuestro presente una singular y compleja obra diarístico-musical-cinematográfica que tiene un arco creativo de unas ocho décadas.

Ritmos, fracciones y composiciones de la memoria

La obra de Steve Reich Different trains es la descripción de un pensamiento. En su infancia, el compositor transitaba de costa a costa de los Estados Unidos para visitar a sus padres divorciados. Un niño en grandes trenes, viajes que duraban varios días, largos trayectos vividos como aventuras. En su madurez, y en un proceso de indagación en sus raíces judías, el compositor comprende que mientras él disfrutaba de esas espectaculares travesías, por otros raíles circulaban historias desesperadas con deportados destinados al confinamiento o la muerte. El compositor toma conciencia de la fortuna que vivió, quizás del peso del destino, al ser judío y hallarse en otros países alejados de la Europa del nazismo y el Holocausto.

La composición musical de Reich tiene como característica destacada la repetición, siendo muy presentes elementos que recuerdan a la actividad de un tren. Se constituye de momentos que combinan rapidez y ralentización, expresando sus distintas velocidades. Despuntan los distinguibles pitidos vinculados al funcionamiento del ámbito ferroviario. Y, especialmente, refleja el inconfundible traqueteo incesante que se acaba convirtiendo en un ritmo interno para el viajero. El compositor norteamericano plasma esta constancia en una envolvente reiteración sonora, como si se tratara de un estado de trance auditivo, que podría abrir la mente a un estado singular. En ese campo más intangible es donde se produce la conexión entre otros espacios físicos distantes, entre otros trenes y otros seres humanos. Ese rítmico viaje mental será la base de su memoria.

Beatriz Caravaggio interpreta las ideas de Steve Reich dotando a la partitura de vida visual. Su relectura nace del montaje de imágenes de archivo relacionadas con la temática expuesta y pertenecientes a su época, es decir, tienen una ligazón documental con la historia descrita.

La película transcurrirá desde la naturaleza y los paisajes, con una admiración por los majestuosos trenes, hasta la vuelta a grandes ciudades y significativos edificios, un mundo urbano grisáceo posterior a la Segunda Guerra Mundial, habiendo atravesado por en medio los horrores del genocidio. A lo largo de este paso del tiempo, se conjuntan los archivos pertenecientes a los campos, la deportación, el exterminio y la liberación; unos registros filmados en lugares y circunstancias donde el testigo de lo real escaseaba, grabados algunos por los propios nazis y otros, más tarde, por los aliados. En un vasto trabajo de selección de material de archivo, la intervención de la videoartista se fundamenta en una excelente reordenación de todas estas imágenes, una metódica y precisa elaboración hecha fotograma a fotograma. A partir de estos procedimientos, el origen documental se reescribe para crear un hilo argumental, la construcción de una mirada narradora.

La realización se caracteriza por la división de la pantalla en tres partes, aportando de esta manera una gama de lectura de significados. Por un lado, el tríptico está ligeramente desacompasado, lo que nos ofrece una fragmentación del tiempo, unos recuerdos fraccionados. Reminiscencias que aparecen algo revueltas, formadas por una diversidad de dinámicas, tránsitos y voces. El tríptico es también una compleja composición de movimientos, formas y texturas, construida con sugerente riqueza por coordinación, semejanzas o contraste. Se trata de un trabajo collagístico, pero a su vez la variedad de fuentes de archivo está pensada con uniformidad visual, lo que nos brinda un relato cohesionado.

Beatriz Caravaggio mantiene también la estructura original que divide la obra en tres movimientos, y es en el tercero donde el tríptico toma un nuevo valor a partir del contraste de significados. Los supervivientes llegan a sus nuevos destinos y el ritmo cotidiano de esas ciudades imbuye sus vidas, pero estas no dejarán de estar entremezcladas con las imborrables huellas del Holocausto. Así, el transcurso del presente convivirá con recuerdos del pasado.

Trascendencias y legados

Muchas han sido las representaciones artísticas vinculadas a esta temática: desde las realizadas en los los propios campos (pintura, dibujo, música, literatura, poesía, entre otros) hasta las generadas hoy en día. Hay bastantes obras cumbres que se han convertido en un referente, pero más allá de destacar talentos y aciertos, el conjunto de obras en sí, el conglomerado que configuran aquellas más éticas, rigurosas, hondas o representativas, acaba constituyendo una memoria colectiva de los acontecimientos.

Desde prácticas distintas trazan un legado influyente las memorias escritas, la literatura y la poesía (Paul Celan, Ana Frank, Imre Kertész, Eugene Kogon, Primo Levi, Elie Wiesel, entre muchos otros), los cineastas (Alain Resnais, Claude Lanzmann, Andrzej Munk, Harun Farocki, László Nemes) o la música, como la de Steve Reich y la reescritura cinematográfica de Beatriz Caravaggio frente a la que nos encontramos. A su vez, memoriales y museos de todo el mundo desarrollan una función de aunamiento de la memoria histórica, incluida la artística. Asimismo podríamos incluir obras que llegan a un público muy mainstream y, aunque tengan una profundización menor que las anteriormente citadas, mantienen una ética y un verdadero interés por lo expuesto e influyen en una amplia capa de la población por su popularidad. Puede ser el caso de la famosa película de Steven Spielberg (sin olvidar su labor esencial realizada con el material de archivo) o algunos cómics como el pionero de Bernard Krigstein o el célebre de Art Spiegelman.

Entre todas ellas forjan un legado rico y múltiple de inscripciones de la memoria. Un monolito conjunto de representaciones que inscriben el importante concepto de no olvidar nunca jamás lo acontecido. También encontramos, además, una esperanza de herencia futura de que la historia vivida en el siglo XX, de que el Holocausto y todas sus causas y consecuencias, sean parte de la memoria del porvenir. Como si en los seres humanos pudiera constar un saber común que impida desarrollarlas de nuevo, inculcando en su aprendizaje cognitivo las extremas lecciones y experiencias nacidas de ese periodo.

 

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